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5-2-2012
Portfolio del Día

Manera, Marcelo





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Fotografía y memoria

Pablo Cerolini y Alejandro Reynoso
Compiladores, fotoperiodistas.

 

Este libro posa su mirada sobre el periodo de la historia nacional que va desde el Cordobazo hasta el juicio a las juntas, un periodo que conoció la dictadura más sangrienta y en el cual la violencia del estado se descargó con toda su fuerza sobre las manifestaciones políticas del pueblo. Desde nuestro lugar de reporteros gráficos nos propusimos buscar el material existente en el espacio de nuestra profesión que pudiera dar testimonio de aquellos hechos brutales, de su largo preámbulo, de su atroz consumación y de un epílogo que abrió una esperanza luego frustrada.

Todas las sociedades occidentales que en el siglo XX han vivido el horror de los genocidios, el terrorismo de estado y las dictaduras sangrientas, en algún momento se han enfrentado con la necesidad de conocer ese pasado, buscar la verdad de lo ocurrido y reconstruir la historia. En una palabra, han experimentado la necesidad de hacer memoria. Porque la memoria no es producto de una iluminación repentina sino de un lento y paciente trabajo de reconstrucción, y hay casos paradigmáticos -como el genocidio nazi- que han sido y siguen siendo incansablemente estudiados en una búsqueda que no termina.

La represión violenta contra las organizaciones políticas, sindicales y estudiantiles, y en general contra cualquier tipo de manifestación de descontento popular, es algo que atraviesa las distintas etapas de la historia del país, y el “Cordobazo” representa en ese sentido un momento particularmente visible de esa práctica recurrente. El terrorismo de estado instaurado por la última dictadura militar (1976-1983) llevó la represión y el asesinato político a una escala antes desconocida.

Las dictaduras fueron épocas de censura y represión, y por eso mismo los medios de comunicación fueron objeto de especial control. Clausuras, censuras e intervenciones militares fueron moneda corriente, y la respuesta fue variada. Algunos medios practicaron el apoyo abierto o la colaboración directa, en tanto que otros adoptaron discretas estrategias de invisibilidad buscando no llamar demasiado la atención.

Los que llegamos a la profesión de reporteros gráficos después de finalizada esa etapa oscura solíamos escuchar que en los archivos no había nada de material sobre aquella época, porque habían sido saqueados. En alguna medida, este libro surge del deseo de constatar esa afirmación, con la secreta esperanza de que no fuera cierta.

Tras larga investigación, descubrimos que había más material del que se suponía. En el momento no se llegaba a percibir la real dimensión de la masacre, y los reporteros gráficos recorrían las calles, cubrían los hechos, fotografiaban los cadáveres y retrataban los rostros de los dictadores, como parte de su rutina de trabajo. Mucho de ese material nunca se publicó, pero quedó encerrado en algunos archivos, anónimo y desordenado.

En los documentos que se presentan en este libro, el terrorismo de estado es una presencia latente o explícita en la mayor parte de las imágenes, que obliga a hacer memoria de los hechos del pasado. No para dejarse ahogar por la nostalgia o el dolor, sino para construir un futuro que incluya el recuerdo, el castigo, la no impunidad.

Este es un libro de fotografía, no de historia. Ello justifica que no estén todos los hechos, ni todos los personajes. Sólo aparecen aquellos que fueron captados por los reporteros gráficos en algún gesto, en un detalle que condensa un significado que lo trasciende. Y eso es lo que contribuye a reconstruir el caleidoscopio de la historia.

La narración construida a partir de las fotografías elegidas es acompañada por algunos textos escritos por autores de diferentes ámbitos. La periodista María Seoane ve en estas imágenes una invitación a sentir, a rememorar, para encontrar el alivio del olvido pero a su vez el ejercicio doloroso de identidad. El sociólogo Carlos Altamirano, con información precisa y de modo didáctico, da  cuenta de los acontecimientos históricos en arreglo a las motivaciones de los principales actores sociales y su contexto, de modo tal que nos ayuda a interpretar y comprender. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, recuerda los primeros momentos de lucha, incertidumbre, dolor y miedo, y el aporte posterior de imágenes del terrorismo de estado y de intimidación a quienes pedían pacíficamente por sus seres queridos; ella nos señala lo que aún falta pero también lo que se ha caminado. El reportero gráfico Eduardo Longoni destaca de esos años el desafío que implicaba poner el cuerpo para obtener fotos de impacto que contaran la esencia de la época, abriendo ventanas que ahora cobran otro tamaño. Por último, una serie de anécdotas contadas en primera persona por reporteros gráficos que trabajaron en aquella época nos acercan a las condiciones en que entonces se desarrollaba el ejercicio de la profesión.

El libro admite varias lecturas, dos de las cuales queremos destacar aquí. Por un lado, es una edición subjetiva que elige mostrar algunas imágenes de un periodo histórico intenso y trágico. Por el otro, intenta echar una mirada sin condicionamientos sobre un fenómeno terroríficamente objetivo: el Terrorismo de Estado, de sus preludios a sus efectos.

Pero por sobre todas las cosas, este libro es un homenaje a los reporteros gráficos que en aquella época estuvieron en el lugar de los hechos para retratar el espíritu de la época.-

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