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18-5-2012
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COMENTARIO


JUAN DI SANDRO
| por Luis Priamo

Es posible que el nombre de Juan Di Sandro no le diga mucho a los jóvenes fotógrafos de hoy. Entre nosotros la creación fotográfica no tiene, como la pictórica o la literaria, ese canon histórico más o menos establecido que las generaciones sucesivas heredan, discuten y transforman a través de la actividad académica. Sin embargo, la multiplicación de escuelas de fotografía que se produjo en los últimos años, junto con la expansión del interés por la historia del medio fotográfico en el país -a través de congresos, exposiciones y ediciones de libros y catálogos-, ha focalizado sobre la cuestión histórico-fotográfica una atención específica que habilita y enmarca iniciativas como ésta, de ARGRA, que tienen gran importancia para ir forjando una verdadera tradición fotográfica nacional.

La actividad profesional de Di Sandro fue muy extensa y absolutamente dedicada al reportaje fotográfico para el diario La Nación, donde entró como aprendiz en 1914 y se retiró en 1977. Había nacido en Italia en 1898, en el pueblo de Colli Al Volturno, región de los Abruzzos, y emigró con su familia a la Argentina en 1910. Instalado en Buenos Aires, Di Sandro nunca abandonó esta ciudad, donde formó su familia, trabajó con pasión sostenida, se rodeó de innumerables afectos y declinó su extensa, fructífera y generosa vida en 1988.

En el único ensayo dedicado a la obra de Di Sandro que conocemos (Sameer Makarius, Di Sandro, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982), se dice que aprendió fotografía con Palestrini, jefe del departamento fotográfico de La Nación, a quien Di Sandro sucedió más tarde. En el pasado, el proceso de aprendizaje de las diversas actividades que suponía el oficio de fotógrafo era extenso (el trabajo de laboratorio, por ejemplo, tenía sus propias divisiones y escalas de promoción correspondientes: primero aprender a preparar los químicos, luego a revelar y fijar, luego a retocar negativos, y finalmente a imprimir). Esto sugiere que el joven Di Sandro comenzó a salir a la calle para tomar fotos por los años veinte. De hecho los negativos más antiguos de su archivo particular datan de esa década. Son de formato 9x12cm y soporte de vidrio, tomados con una cámara Speed Graphic o similar, que eran las preferidas de los reporteros de entonces. Di Sandro siempre trabajó con formato grande o medio (9x12, 10x12, 13x18 y, en contadas ocasiones, 18x24). En su archivo, cuyo índice contabiliza 2015 negativos, no hay ninguno de 6x6, y los pocos de 35mm que guarda no son de su autoría, sino tomados por otros a su propia persona.

Hasta donde sabemos esta característica de nuestro fotógrafo no era nada excepcional. En nuestro país se adoptó el formato chico tardíamente, y me parece que no fue en los periódicos o revistas donde primero lo usaron. De hecho los archivos donde hay fotos de 35mm más antiguas que conozco son los de Horacio Coppola y Grete Stern, que compraron sus Leica en Alemania en los primeros años de la década del treinta. Otro archivo importante constituido por negativos de 35mm y 6x6 es el del Consejo Deliberante de la Municipalidad de Buenos Aires, creado hacia 1935. En los periódicos el formato chico, según la información que disponemos, fue adoptado recién en los años cincuenta e incluso en los sesenta.

Además de negativos el archivo del fotógrafo tiene más de dos mil copias ampliadas a diversos tamaños, muchas de ellas montadas para exposiciones. Di Sandro participó con entusiasmo en la actividad fotoclubística, mezclando fotografías tomadas para el diario con otras composiciones realizadas en el espíritu artístico amateur típico del fotoclubismo de mediados de siglo pasado. Evidentemente nunca sintió, en esa mezcla, contradicción alguna. Debemos advertir que en esos años la fotografía de reportaje no tenía, como género, la autonomía que tiene hoy en nuestro país. Por otra parte, también es importante señalar que muchas de las fotos tomadas por Di Sandro para La Nación estaban dedicadas al suplemento dominical impreso en hueco-grabado, extensamente ilustrado con fotografías, donde no sólo se reunían las mejores imágenes de la semana sino que se publicaban fotorreportajes especiales dedicados a temas diversos, muchos de ellos ubicados el interior del país. Para esos trabajos los fotógrafos disponían de tiempo y libertad suplementarios, y es evidente que en su ejecución estaba implícito el compromiso de realizar imágenes de la mayor sofisticación visual posible, tanto desde el punto de vista de la composición como del tratamiento de la luz, la elección de personas y poses, y la selección de vistas y actividades significativas del tema tratado. Muchas de las fotos especiales tomadas para el hueco, como se llamaba familiarmente al suplemento, podían estar perfectamente en cualquier exposición o concurso fotográfico de la época. Más que fotos de reportaje, en el sentido habitual de captación del “momento decisivo”, según la clásica figura establecida por Cartier Bresson, eran composiciones, como se llamaban genéricamente a las imágenes fotográficas realizadas con espíritu pictorialista, a las que se identificaba de un modo natural con la fotografía de arte.

Sin embargo, a pesar de que el talento de Juan Di Sandro se muestra en su plenitud en las grandes vistas y los planos generales de grupos numerosos, donde el sentido del encuadre y la respiración plástica son simplemente extraordinarios y, por así decir, casi infalibles, su rapidez para fijar momentos significativos de un acontecimiento no era nada desdeñable. Esto se observa tanto en sus fotos de eventos deportivos como en las visitas de estadistas y personajes importantes (Roosevelt, el príncipe Humberto, el príncipe de Gales, etcétera), o en actos multitudinarios y acontecimientos callejeros como la llegada del Plus Ultra o las revoluciones y asonadas militares tan frecuentes después de 1930.

En algún momento de su dilatada carrera -o cuando se retiró definitivamente-, Di Sandro obtuvo autorización de la dirección del diario para quedarse con los negativos que considerara más interesantes, y que hoy tienen sus herederos. De hecho allí están todos los que eligió para ampliar y exponer en sus muestras y otros más, pero es evidente que su producción fue infinitamente más extensa de lo que guardó para sí. Desgraciadamente el archivo del diario La Nación conserva muy pocos negativos originales de las primeras décadas del siglo, ninguno de los cuales, por otra parte, tiene indicación alguna sobre quién fue el autor. Por otra parte, recién a partir de 1935, aproximadamente, las copias que se guardan en las cajas con los temas y personas importantes que fueron publicados, muestran en el reverso un sello con el nombre del fotógrafo responsable. Todo esto significa que una vasta parcela de la producción de Di Sandro se ha perdido o es de autoría incierta.

Para completar esta breve reseña sobre uno de los pioneros del fotorreportaje argentino, diremos que Juan Di Sandro también formó parte de un grupo de importantes fotógrafos llamado La carpeta de los diez (donde, entre otros, se encontraban Annemarie Heinrich, Anatole Saderman, Sameer Makarius o George Friedman), activo en los años cincuenta. El grupo se reunía regularmente para intercambiar análisis críticos de obras fotográficas concretas que cada uno de los integrantes ponía a consideración de los demás, y asimismo para organizar exposiciones de conjunto.

 

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